miércoles, 24 de febrero de 2016

SIGUEN LAS PUGNAS DE BANDERAS







Quizas ustedes diran que la noticia esta pasada de tiempo, pero en 

realidad la tenia en archivo pues no habia tenido tiempo de 

editarla. Lo cierto es que continuamos con la polemica de quema 

de banderas, si bien es cierto que un grupo de jovenes identificados 

con los valores patrios y  en el cual arde en su pecho el espiritu 

patriotico de duarte, no es menos cierto que en meses pasados 

fueron muchos los episodios en diferentes escenariorios de 

haitiano que hicieron de todo con nuetras bandera en una actitud 

mal agradecida y descortes que no pensaron \que estan y viven en 

suelo Quisqueyano no escatimaron para fartarle el respeto a unos 

de nuestros simbolos patrios.



Desde el 2014 hasta el año pasado fuimos objeto de  todo de 

descredito y ataques de diferentes organizaciones internacionales, 

sin pasar por alto que con la crisis politica haitiana cientos de 

haitianos estan entrando de maner ilegal a nuestros territorio de 

nuevo. Y el pueblo pregunta...Hasta cuando??



He aqui un resumen de algunas de las noticias que han salido en la 

prensa local incluyendo un magnico articulo publicado en julio 3 

del 20915 de lo que realmente estaba pasando.






Haitianos ultrajan y queman bandera dominicana

En el Seybo, en Constanza, en la Vega, en Moca y en todo 

el territorio nacional, muy pronto nos la meterán por el 

trasero y nos limpiaran con ella hasta que empecemos a 

quemarlos a ellos


Haitianos ultrajan y queman bandera dominicana: muy 

pronto nos la meterán por el trasero y nos limpiaran con ella


El fiscal Aníbal Carela recordó que en el país existe una Ley 

que establece sanciones contra quienes rompan o ultrajen 

los símbolos patrios, pero nadie la hace cumplir.






SANTIAGO, RD.-

La fiscalía de Santiago dejó en prisión a seis jóvenes del 

Movimiento Popular Caamaño Deñó que se presentaron ante esa 

instancia judicial para responsabilizarse de la quema de una 

bandera haitiana.


Los arrestados por la fiscal Luisa Liranzo justificaron la actitud de 

rechazo racial, alegando que los haitianos están tomando la tierra 

dominicana.


Señalaron que los oriundos de Haití ofenden los ideales del 

patricio Juan Pablo Duarte y acusaron a las autoridades de no 

tomar una decisión respecto al caso.


De los detenidos solamente ha sido identificado José Manuel 

Rodríguez, quien se definió como miembro de ese movimiento 

742 revolucionario.



CARICOM CIERRA MAR Y CIELO A LOS 


HAITIANOS




Santo Domingo.- 


De entre los más de 10 millones de habitantes que 


cohabitan en las pardas estepas y colinas del 

territorio de Haití, la Comunidad del Caribe 

(Caricom) escogió con privilegios, hace poco, en un 

extraño paso que desfigura su invocado desvelo por 

ese país, a un puñado de empresarios y 

diplomáticos, eximiéndoles del requisito de visas 

para entrar a ese bloque de naciones.


Un movimiento raro, porque al resto de los haitianos, que 



forman la masa más grande de emigrantes hacia esa 



región, ese bloque de naciones del Caribe y antiguas colonias 


británicas le ha negado el privilegio de libre tránsito, 


convirtiendo a Haití en el único país miembro al que ha 


objetado para ese beneficio.



Con estas trabas discriminatorias, los haitianos quedan sin 



opciones para escapar de las prolongadas miserias en su 


país. Solo hay dos rutas naturales para que los  migrantes 


alcancen terreno en cualquier nación asociada al Caricom: 


través del mar o por vía aérea. Pero ahora hay un 


problema, un problema muy grande: esos dos tramos les han 


sido estrictamente cerrados.








Mientras estas naciones requieren de visas al pueblo 

haitiano para entrar a sus territorios, a aquellos individuos 

con capitales a la orden para operaciones empresariales, 

transacciones e inversiones de capitales, igual que a 

personajes del mundo diplomático, les liberan de tales 

restricciones de viaje.


Las pruebas están sobre la mesa. De sus prácticas y 

conductas hay aportes de evidencias que indican que en el 

bloque de Comunidad del Caribe no quieren a haitianos 

pobres y hambrientos viviendo en sus comarcas. Buscan 

cercanía y contactos para hacer negocios.



Por eso, durante los últimos años, los países asociados han 

radicalizado sus políticas migratorias y las repatriaciones de 

haitianos. Los consideran una carga a sus quebradizos 

presupuestos y un peligro para la seguridad de sus 

comunidades.










Simplemente, no los quieren. Ni siquiera Bahamas, en sus 

más de 600 islas deshabitadas, de su conjunto de 700 

espacios de tierra firme.  Si se lanzan a la mar, los 

persiguen, los capturan, los encierran y los expulsan. Y si 

optan por la vía aérea, el fracaso está adelantado. El 

requisito de visas es un truco, un cálculo para negarles su 

ingreso.  



Se les ha tratado con tanta injusticia que en las notas 

oficiales sobre visitantes los colocan en el mismo caso de 

países tan lejanos como Afganistán, Albania, Argelia, 

Angola, Bangladesh, Bosnia, República de África Central, 

Chad, Etiopía, India, Nigeria, Pakistán, Suiza, Taiwán, 

Tailandia, Ucrania y Zaire.




La discriminación y desprecio por Haití, por parte de estos 

países del Caricom, es evidente. No solo se niegan a 

eliminar el requisito de visas, sino que guardan silencio ante 

otro caso de privilegio y discriminación: De los 15 países 

que conforman ese armazón de naciones, Haití incluido, solo 

a los ciudadanos de nuestro vecino se les requiere de visas 

para entrar a países de Europa.  ]




Las fascinaciones del Caricom con Haití son solo una 

coartada para fines estratégicos, de competencia y 

negocios, en cuyo camino se les cruza la República 

Dominicana con una economía en su mejor pujanza, 

amparada por fundamentos de cooperación y buena 

hermandad con sus socios, específicamente con el país 

haitiano.




Al Caricom le interesan más los negocios con Haití que 

preocuparle los gritos de hambre y las carencias de 

servicios esenciales para la vida de la gente en sus comarcas, 

ensortijadas entre la aspereza de sus páramos desolados y 

polvorientos.












Con la política de restricción de visas a los haitianos, los 

gobiernos del Caricom han completado la última fase de 

evitar que les llegue mucha gente desde Haití por vía área, 

mientras extienden un cordón de vigilancia en los mares 

para interceptarlos y, en caso de que logren alcanzar las 

costas de sus territorios insulares, las fuerzas de patrullas 

los arresta en calles y en sus viviendas y luego los pone de 

regreso a su país.




Para los países del Caricom, Haití le ofrece una migración 

masiva a través de sus mares, crean malestar con la 

delincuencia, llevan enfermedades, crímenes, delitos, y les 

agotan buena parte de sus adelgazados presupuestos. 

Están decididos a sacar a los haitianos sin papeles de sus 

calles y vecindarios. Cuando Barbados decidió beneficiar a 

empresarios y diplomáticos haitianos con pase libre a esa 

nación, dejó bien claro que era solo para un puñado de ricos 

con capacidad para hacer negocios.  




Igual hizo el primer ministro de San Cristóbal y Nieves y 

expresidente del Caricom, Denzil Douglas, cuando dijo esto: 

“Estamos dando paso a la exoneración de visas para que 

los empresarios haitianos puedan moverse libremente sin 

obstáculos por Caricom”.




 El presidente Michell Martelly ha hecho ruegos al 

organismo y le ha pedido termine con la discriminación de 

no otorgar visas para que sus ciudadanos gocen de los 

mismos privilegios que los de otros estados integrados.  













Mientas tanto, y aunque la migración ilegal haitiana hacia 

ese bloque de naciones ha continuado, las redadas por mar 

y en tierra siguen en curso.




Tras adoptar nuevas reformas de sus sistemas migratorios, 

los países del bloque ven a los haitianos como un serio 

problema para el avance de sus proyectos de desarrollo. 

Las quince naciones miembros del Caricom son Bahamas, 

Trinidad y Tobago, Antigua y Barbuda, Barbados, Santa 

Lucía, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, 

Montserrat, Sant Kitts and Nevis, San Vicente y las 

Granadinas, Suriname.





Los países  nunca han presentado, desde la fundación de 

su organismo en 1973, con el Tratado de Chaguaramas, en 

Trinidad y Tobago, planes viables para regular la situación 

de los haitianos en sus islas y ayudarles a aliviar sus 

penurias, a pesar de ser oriundos de un país miembro de 

pleno derecho.




Contrario a esto, sus países  tienen una política bien 

definida: cerrar todas las vías de acceso a  la migración 

haitiana y expulsarlos de cualquier rincón que ocupen en 

sus territorios. Su solidaridad con Haití tiene doble filo: Por 

un lado, forzar a la República Dominicana a abrir su frontera 

y acogerlos en masa, mientras ellos los expulsan.





Con esto les impiden zarpar con dirección a sus islas y 

siembran confusión sobre una inexistente campaña de 

racismo, xenofobia y violación de derechos humanos contra 

los haitianos.








RD desata recelos por turismo


El Caricom tiene, en conjunto, más de 16 


millones de habitantes, con un Producto 

Interno Bruto (PIB) de poco más de 100 mil 

millones de dólares y un PIB per cápita de 6 

mil dólares.





Haití, un miembro de pleno derecho del Caricom, fue 

exaltado hace 17 años al estribo de ese bloque de 15 

excolonias inglesas, holandesas y francesas. Con más de 

10 millones de habitantes y una superficie de 27, 750 

kilómetros cuadrado, pero con una perdida de casi toda su 

cobertura vegetal, el más afectado por la degradación del 

suelo en el continente, tiene la renta per cápita más baja de 

todo el hemisferio occidental. Es el país más pobre de toda 

América.



Aunque la llegada de Haití al Caricom le abrió una puerta de 

esperanzas, cuando sufrió el devastador terremoto de 2010 

sus consocios no dieron la cara.  









Allí si estuvo presente República Dominicana, llevándole 

aliento espiritual y asistencia material.




Entre los países y organismos multilaterales que asumieron 

compromisos con la reconstrucción del país vecino, en el 

marco de la Cumbre de Donantes sobre Haití, las naciones 

del Caricom no asumieron compromisos de ayuda. 




En la estructura integradora del Caricom no hay un solo país 

de habla hispana y República Dominicana, que ha aspirado a 

ser parte de este, ha encontrado resistencia entre sus 

miembros.  



Situada como la novena economía de América Latina, ha 

registrado un ascenso importante durante los últimos 12 

años. Su Producto Interno Bruto Nominal era de US$20,432 

millones en 2003 y llegó a US$61,223 millones en 2013. Un 

salto de US$40,791 millones de dólares de diferencia en 

una década próspera para la economía. El poder de la 

economía dominicana tiene una fuerza contundente en la 

región. Es más grande que todo el conjunto del Caricom.





Con esos méritos, dejar entrar a República Dominicana a la 

Comunidad del Caribe, y al Tratado de Libre Comercio con 

Costa Rica, firmado en  Kingston, Jamaica, el 9 de marzo de 

2004,  parece haber causado recelos en algunos gobiernos 

de ese ente, por temor a poner en riesgo las operaciones 

comerciales de algunas islas ante el crecimiento sostenido 

del comercio y la economía dominicana.




Tres de estas naciones insulares, San Vicente y las 

Granadinas, con su ministro Ralph Gonsalves a la cabeza; 

Trinidad y Tobago, con su ministra Kamla Persad-Bissessar 

al frente, y Haití, con su presidente Michel Martelly en 

primera línea, han liderado durante los últimos dos años una 

ensañada campaña de descrédito internacional contra el 

país, aprovechando la sentencia 168-13 del TC que allanó 

el camino para una reforma migratoria que define el estatus 

de todos los extranjeros que han vivido en condición 

irregular en la nación.









Usando ese fallo constitucional, inapelable, como pretexto, 

el Caricom se erigió como defensor de Haití en todos los 

foros, emitió resoluciones de condena contra el país y a 

finales de noviembre de 2013  suspendió la solicitud 

dominicana para adherirse al bloque regional, “hasta que ese 

país  tome medidas para resolver el conflicto migratorio con 

Haití”.



Pero esa postura del bloque de aparente solidaridad con 

Haití contradice su práctica ante la empobrecida nación 

vecina. Su línea de denuncias y acusaciones contra el país 

no tiene nada que ver con alegada protección a derechos 

humanos o rechazo a presuntas repatriaciones.  




Lo que está oculto



Con esto solo pretende tocar las fibras sensitivas de los 


turistas, basado en el desleal propósito de desviar el flujo de 

visitantes que son atraídos cada año al país por las 

bondades dominicanas y las novedosas ofertas de su briosa 

industria turística, tentando provocar una caída estrepitosa 

que beneficiaría a sus mercados receptores.





Durante años recientes, la caída de las operaciones 

turísticas en la mayoría de esas islas, cuya fuente principal 

de ingresos es el turismo, ha sido evidente, en tanto muestra 

cada vez sus desventajas ante el crecimiento sostenido de ese 

renglón en la República Dominicana. Mientras las 

inversiones extranjeras han estado manteniendo una línea 

de crecimiento en el país, una crisis financiera ha estado 

azotando durante los últimos años las economías de algunas 

islas del Caricom dependientes del turismo, obligando a los 

hoteles a cerrar o reducir su nómina de personal. Solo 

durante el último lustro las visitas turísticas llegaron a caer 

hasta 9% en Barbados, 13% en Antigua y Barbuda y 15% en 

las Bahamas, según estadísticas de la Organización Caribeña 

de Turismo.




Sus gobiernos han estado bastante preocupados por este 

problema, que ha causado una baja sustancial en la 

inyección de fondos a sus presupuestos.




Mientras tanto, la pujanza del país en el renglón turismo 

está demostrada en las estadísticas más recientes 

presentadas por la Caribbean Tourism Organization, 

específicamente de 2014, y ya en el medio término de este 

año camina en la misma dirección de supremacía en ese 

actividad frente a las comunidades del Caricom.




Cifras lo explican todo


Las visitas de turistas a los países del Caricom, durante el 


año 2014, fue la siguiente:  Antigua & Barbuda, 

249,316;  Bahamas, 1,421,860 ; Barbados, 519,598; Belize,  

321,217; Dominica, 81,472; Granada, 133,521; Guyana, 

205,824; Haití,  465,174; Jamaica, 2,080,181;  Montserrat, 

8,804; Saint Lucia, 338,158; San  Kitts & Nevis, 

104,730;  San Vicente y las Granadinas, 70,713; Suriname, 

251,611; Trinidad & Tobago, 412,537;  Islas Turcas y 

Caicos, 368,164.




La República Dominicana no es miembro activo del 

organismo, pero terminó liderando el mercado con una 

recepción de 5,141,377 visitantes. Sus más cercanos 

competidores fueron Bahamas y Jamaica. Esta puja del 

turismo criollo constituye una amenaza para las economías 

de algunos estados del bloque, que en forma sistemática y 

en sintonía con sus problemas financieros, han 

aprovechado la reforma migratoria dominicana, 

desencadenando una campaña de condenas y denuncias 

sobre presunta xenofobia y apatridia contra haitianos. 




Esa campaña se ejecuta en tres frentes para ganar dos 

propósitos: Denigrar y desacreditar al país por “xenofóbico y 

racista”, forzarlo a aceptar a miles de haitianos, y 

legalizarlos, aun sin sus actas de identidad, generar 

antipatías adversas en los mercados emisores de turismo y 

desviar hacia sus destinos el elemento básico que da 

fortaleza a la economía nacional: los turistas.




La puja del turismo criollo constituye una amenaza para las 

economías de algunos estados del bloque, que en forma 

constante, y en sintonía con sus problemas financieros, han 

aprovechado la reforma migratoria dominicana para desatar 

una campaña de denuncias y condenas por presunta 

xenofobia y apatridia contra los haitianos. 











UNA CAMPAÑA DESDE TRES FRENTES


La campaña contra la República Dominicana se desarrolla 


desde tres frentes, en los cuales resalta siempre la 

actuación abierta, y en algunos casos escurridiza, del 

impredecible gobierno haitiano. Esa campaña se desarrolla 

desde tres frentes, enfocada en dos propósitos: Denigrar y 

desacreditar al país por “xenofóbico y racista”, forzarlo a 

hacerse cargo de los inmigrantes ilegales haitianos, y 

legalizarlos, aun sin sus documentos de identidad personal, 

un derecho legítimo de los ciudadanos que el gobierno de 

Haití ignora, convirtiendo a miles en apátridas en su propia 

tierra, generar sentimientos adversos en los mercados 

emisores de turismo y desviar hacia sus destinos el elemento 

humano primario que aporta más fortaleza a la economía: 

los turistas.




La presión para que la República Dominicana abra sus 

fronteras es un cálculo de estrategia: Con las puertas 

abiertas de par en par para que “entren to’ “, los mares de 

las naciones del bloque estarían más despejados de 

inmigración ilegal, protegerán sus presupuestos de un 

atasco y, después caer en el descrédito y provocar 

alejamiento de los turistas, las habitaciones hoteleras y 

playas de esos pequeños estados volverían a atestarse. 

Todo a costa de infamias.



Bahamas: 2030 sin ilegales 


El gobierno de Bahamas ha ido más lejos que todos sus 


socios en el Caricom en relación a sus planes ante la 

inmigración ilegal en sus 24 islas habitadas.



El contenido de un informe del Departamento de 

Estadísticas de Bahamas, intitulado “Proyecciones de 

Población 2010-2040”, dado a conocer por su directora, 

Kelsie Dorsett, muestra los propósitos radicales del gobierno 

de ese archipiélago para acabar por siempre las 

inmigraciones ilegales.



El informe establece que la política migratoria del gobierno 

de Bahamas, que ha seguido repatriando a haitianos, 

proyecta que para el año 2030 esa inmigración ilegal llegará 

a cero.









En nombre de Cristo… "El refugiado"



La distorsión de los hechos sobre lo que ocurre en el país 


con el caso haitiano encontró eco en la Conferencia 

Episcopal de las Antillas, integrada por 19 arzobispos y 

obispos de las islas integrantes del Caricom.



El 30 de noviembre de 2013, la Conferencia envió una carta 

al cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez 

expresándole, su “dolor y profunda preocupación por las 

decenas de miles de nuestros hermanos y hermanas y sus 

hijos en el hermano país caribeño de la República 

Dominicana


En esa carta, los obispos instaron a la Conferencia 

Episcopal Dominicana, “en nombre del Evangelio y de Cristo,

 que era un refugiado, que ustedes hagan todo lo posible para 

trabajar por los derechos humanos y la dignidad de aquellos 

que han sido privados de sus derechos”.



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