Seguridad Alimentaria
Aunque me llegan las
noticias que estan pasando al momento, muchas veces no
tengo tiempo de publicarlas en seguida, lo que hago es que
la selecciono y elijo las más importante y esta es una de
ellas, la problematica del hambre que no es tan solo una
preocupación nuestra, sino de todo el mundo.
Este es el informe de nuestra Vicepresidenta:
Margarita Cedeño de Fernandez..
parte de las actividades coordinadas durante la Presidencia
pro témpore que ejerció la República Dominicana ante dicho
organismo.
Decía John Stuart Mill que “no existe una mejor prueba
del progreso de una civilización que la del progreso de
la cooperación”, afirmación que cada día se hace más
actual, en un mundo que ahora se divide entre quienes
nuevos bríos a quienes aspiran al aislacionismo como
política de Estado.
La evidencia demuestra que todos somos interdependientes
y que si queremos combatir el triángulo perverso de la
miseria, la pobreza y la exclusión evidenciadas en el
hambre y la desnutrición, es necesario que exista
cooperación entre los países de nuestra región.
Proveer a nuestros ciudadanos de una alimentación
abundante y correcta, es un gran reto, en un mundo
amenazado por la inequidad, la inseguridad y las
consecuencias del cambio climático y los daños al
medio ambiente.
El hambre y la desnutrición son injusticias que resultan de
la falta de solidaridad, de la insensibilidad, del egoísmo y de
la deshumanización. Es un problema ético que avergüenza
y lacera la misma dignidad humana.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de los
se desperdicia en todo el mundo, lo que equivale a cerca de
1,300 millones de toneladas al año; más que suficientes
para alimentar a quienes viven en la hambruna.
Un problema a gran escala, como lo es el hambre y la
desnutrición, requiere de la colaboración técnica y política
de los países que conforman la región de América Latina y
El Caribe. Nuestros países tienen que transitar hacia un
nuevo paradigma de producción de alimentos sostenibles y
la inversión responsable en materia de alimentación.
El cambio climático y sus efectos, nos obligan a replantear
las políticas públicas en materia agropecuaria. Por igual,
estamos llamados a promover con mayor ahínco la
agricultura familiar y comunitaria, como alternativa para el
combate al hambre y la malnutrición en comunidades con
limitado acceso a los mercados productivos.
Simón Bolívar, el gran libertador de América, afirmó que en
la unión está la fuerza. Para que la ciudadanía tenga la
oportunidad de trabajar por un mejor país, requiere de salud
y bienestar, iniciando por el acceso a los nutrientes
necesarios para toda la familia.
Una alimentación digna es un derecho básico del ser
humano, sin el cual no puede nunca desarrollar su potencial
y construir su propio futuro. Para que este derecho sea
efectivo, como plantean los organismos internacionales, se
requiere que el alimento sea suficiente, sea accesible, sea
estable y duradero y sea salubre. Esos son los ámbitos
desde donde se debe trabajar la seguridad alimentaria de
nuestros ciudadanos, a través de acciones impulsadas por
el Estado y ejecutadas de común acuerdo con los sectores
productivos.
El marco de la CELAC es un espacio propicio para la
discusión al más alto nivel, donde podamos abordar la
desigualdad en la distribución de los recursos y la crisis
alimentaria en la que viven millones de personas en nuestra
región.

Aunque me llegan las
noticias que estan pasando al momento, muchas veces no
tengo tiempo de publicarlas en seguida, lo que hago es que
la selecciono y elijo las más importante y esta es una de
ellas, la problematica del hambre que no es tan solo una
preocupación nuestra, sino de todo el mundo.
Este es el informe de nuestra Vicepresidenta:
Margarita Cedeño de Fernandez..
parte de las actividades coordinadas durante la Presidencia
pro témpore que ejerció la República Dominicana ante dicho
organismo.
Decía John Stuart Mill que “no existe una mejor prueba
del progreso de una civilización que la del progreso de
la cooperación”, afirmación que cada día se hace más
actual, en un mundo que ahora se divide entre quienes
nuevos bríos a quienes aspiran al aislacionismo como
política de Estado.
La evidencia demuestra que todos somos interdependientes
y que si queremos combatir el triángulo perverso de la
miseria, la pobreza y la exclusión evidenciadas en el
hambre y la desnutrición, es necesario que exista
cooperación entre los países de nuestra región.
Proveer a nuestros ciudadanos de una alimentación
abundante y correcta, es un gran reto, en un mundo
amenazado por la inequidad, la inseguridad y las
consecuencias del cambio climático y los daños al
medio ambiente.
El hambre y la desnutrición son injusticias que resultan de
la falta de solidaridad, de la insensibilidad, del egoísmo y de
la deshumanización. Es un problema ético que avergüenza
y lacera la misma dignidad humana.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de los
se desperdicia en todo el mundo, lo que equivale a cerca de
1,300 millones de toneladas al año; más que suficientes
para alimentar a quienes viven en la hambruna.
Un problema a gran escala, como lo es el hambre y la
desnutrición, requiere de la colaboración técnica y política
de los países que conforman la región de América Latina y
El Caribe. Nuestros países tienen que transitar hacia un
nuevo paradigma de producción de alimentos sostenibles y
la inversión responsable en materia de alimentación.
El cambio climático y sus efectos, nos obligan a replantear
las políticas públicas en materia agropecuaria. Por igual,
estamos llamados a promover con mayor ahínco la
agricultura familiar y comunitaria, como alternativa para el
combate al hambre y la malnutrición en comunidades con
limitado acceso a los mercados productivos.
Simón Bolívar, el gran libertador de América, afirmó que en
la unión está la fuerza. Para que la ciudadanía tenga la
oportunidad de trabajar por un mejor país, requiere de salud
y bienestar, iniciando por el acceso a los nutrientes
necesarios para toda la familia.
Una alimentación digna es un derecho básico del ser
humano, sin el cual no puede nunca desarrollar su potencial
y construir su propio futuro. Para que este derecho sea
efectivo, como plantean los organismos internacionales, se
requiere que el alimento sea suficiente, sea accesible, sea
estable y duradero y sea salubre. Esos son los ámbitos
desde donde se debe trabajar la seguridad alimentaria de
nuestros ciudadanos, a través de acciones impulsadas por
el Estado y ejecutadas de común acuerdo con los sectores
productivos.
El marco de la CELAC es un espacio propicio para la
discusión al más alto nivel, donde podamos abordar la
desigualdad en la distribución de los recursos y la crisis
alimentaria en la que viven millones de personas en nuestra
región.




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