jueves, 11 de agosto de 2016

DESDE EL DESPACHO DE LA VICEPRESIDENTA, MARGARITA CEDEÑO DE FERNANDEZ




Seguridad Alimentaria




 Aunque me llegan las 

noticias  que estan pasando al momento, muchas veces no 

tengo tiempo de publicarlas en seguida, lo que hago es que 

la selecciono y elijo las más importante y esta es una de 

ellas, la problematica del hambre que no es tan solo una 

preocupación nuestra, sino de todo el mundo.








Este es el informe de nuestra Vicepresidenta: 

Margarita Cedeño de Fernandez..







parte de las actividades coordinadas durante la Presidencia 

pro témpore que ejerció la República Dominicana ante dicho 

organismo.








Decía John Stuart Mill que no existe una mejor prueba 

del progreso de una civilización que la del progreso de 

la cooperación”, afirmación que cada día se hace más 

actual, en un mundo que ahora se divide entre quienes 

aspiran a abrir puertas y quienes quieren cerrarlas. El caso 

Brexit y la arenga negativa de Donald Trump, han dado 

nuevos bríos a quienes aspiran al aislacionismo como 

política de Estado.


 
La evidencia demuestra que todos somos interdependientes 

y que si queremos combatir el triángulo perverso de la 

miseria, la pobreza  y la exclusión evidenciadas en el 

hambre y la desnutrición, es necesario que exista 

cooperación entre los países de nuestra región.



Proveer a nuestros ciudadanos de una alimentación 

abundante y correcta, es un gran reto, en un mundo 

amenazado por la inequidad, la inseguridad y las 

consecuencias del cambio climático y los daños al 

medio ambiente.








El hambre y la desnutrición  son injusticias que resultan de 

la falta de solidaridad, de la insensibilidad, del egoísmo y de 

la deshumanización. Es un problema ético que avergüenza 

lacera la misma dignidad humana.



Según la Organización de las Naciones Unidas para la 

Alimentación y la Agricultura (FAO), un tercio de los 


se desperdicia en todo el mundo, lo que equivale a cerca de 

1,300 millones de toneladas al año; más que suficientes 

para alimentar a quienes viven en la hambruna.




Un problema a gran escala, como lo es el hambre y la 

desnutrición, requiere de la colaboración técnica y política 

de los países que conforman la región de América Latina y 

El Caribe. Nuestros países tienen que transitar hacia un 

nuevo paradigma de producción de alimentos sostenibles y 

la inversión responsable en materia de alimentación.



El cambio climático y sus efectos, nos obligan a replantear 

las políticas públicas en materia agropecuaria. Por igual, 

estamos llamados a promover con mayor ahínco la 

agricultura familiar y comunitaria, como alternativa para el 

combate al hambre y la malnutrición en comunidades con 

limitado acceso a los mercados productivos.



Simón Bolívar, el gran libertador de América, afirmó que en 

la unión está la fuerza. Para que la ciudadanía tenga la 

oportunidad de trabajar por un mejor país, requiere de salud 

y bienestar, iniciando por el acceso a los nutrientes 

necesarios para toda la familia.








Una alimentación digna es un derecho básico del ser 

humano, sin el cual no puede nunca desarrollar su potencial 

y construir su propio futuro. Para que este derecho sea 

efectivo, como plantean los organismos internacionales, se 

requiere que el alimento sea suficiente, sea accesible, sea 

estable y duradero y sea salubre. Esos son los ámbitos 

desde donde se debe trabajar la seguridad alimentaria de 

nuestros ciudadanos, a través de acciones impulsadas por 

el Estado y ejecutadas de común acuerdo con los sectores 

productivos.



El marco de la CELAC es un espacio propicio para la 

discusión al más alto nivel, donde podamos abordar la 

desigualdad en la distribución de los recursos y la crisis 

alimentaria en la que viven millones de personas en nuestra 

región.



                                           



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